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M�xico: �D�nde est�n?

 Movilizaciones de solidaridad se han registrando en Am�rica latina para pedir que vuelvan con vida 43 estudiantes secuestrados en Iguala, Guerrero, en el sur de M�xico, el 26 de septiembre pasado.

Las investigaciones preliminares indican que los responsables, la mayor�a agentes de la polic�a, est�n bajo acusaci�n de matar a balazos a seis personas, herir a 20 m�s y secuestrar a los 43 estudiantes, confesaron que los desaparecidos fueron asesinados, quemados y enterrados.

El sacerdote mexicano Alejandro Solalinde, activista y defensor de los derechos humanos, se�al� que �algunos testigos me han dicho que algunos estudiantes estaban vivos todav�a, estaban heridos. A ellos, junto con los cuerpos de los muertos, los trasladaron en patrullas y los quemaron. Los pusieron en una pila con le�a, les rociaron di�sel y los quemaron�.

Carta contra el Olvido

M�xico, 15 de octubre de 2014

 

 

A la sociedad mexicana (a los que quedan).

A quienes todav�a tienen ojos para leer, a quienes est�n y creen que nunca ser�n desaparecidos, les queremos decir unas palabras. 

 

Somos H.I.J.O.S. M�xico y esta vez, con la rabia de siempre, pero ya sin pesar ni verg�enza, nos referimos a ustedes en estos t�rminos. Todas aquellas personas que hoy queden vivas y libres, todas aquellas personas que leen o escuchan esto con curiosidad y que no cuentan en su familia o amistades a alguien desaparecido, deben saberlo de una vez: ustedes siguen.

 

Es terriblemente simple: por d�cadas nuestras abuelas gritaron en las plazas, marcharon, repartieron volantes, se colgaron las fotos de sus hijos al pecho; las llamaron locas,  las amenazaron y las reprimieron. Mientras tanto, la inmensa mayor�a del pueblo mexicano hac�a una sola cosa: nada. Voltearon hacia otro lado; aprendieron la sonrisa sin memoria; compraron alg�n bien y siguieron en la ficci�n de una vida sin desaparecidos, porque �no eran suyos�. Despu�s, dejaron crecer solos a sus hijas e hijos, sin pensar siquiera si esa piedrita inc�moda en el zapato podr�a crecer. Hoy, con el dolor de los a�os, podemos decirles que se equivocaron: el horror ha vuelto y creci�.

 

Somos hijos e hijas tambi�n de su olvido, habitantes de este pa�s despedazado, al que est�pidamente amamos todav�a, desde lo m�s profundo. Por eso somos hijos del enojo, la indignaci�n y la rabia ante los hechos acontecidos en Tlatlaya, Estado de M�xico y en Iguala, Guerrero; somos hijos del dolor en Acteal, El Bosque, El Quemado, Aguas Blancas y tantas otras. Nuestros padres son y fueron hombres y mujeres dignos y aguerridos que lucharon de distintas maneras porque este pa�s fuera mejor. Nosotros somos la reivindicaci�n de sus ideales y los mantendremos vivos siempre; porque pese a todo, nos oponemos al olvido. 

 

Pensamos que el horror hab�a tocado nuestras vidas cuando est�bamos por nacer, cuando us�bamos pa�ales; pensamos que nuestra herida ser�a la de luchar contra el olvido de nuestro pa�s, jam�s contra las fuerzas que nuevamente arrebatan padres y madres de sus casas dejando m�s hijas e hijos en un abrazo vac�o.

 

Si hoy, cuando nos siguen faltando y urge localizar a los 43 estudiantes desaparecidos; si hoy ustedes tienen la sensaci�n de que pueden volver a mirar hacia otro lado; si tienen el oculto deseo de que todo vuelva a ser igual, si quieren que este episodio de horror pase y no atormente m�s sus pobres almas la pr�xima semana, sepan que esa es la se�al inequ�voca: el suelo ha empezado a desmoronarse precisamente bajo sus pies.

 

Somos el fantasma de las navidades futuras. Estamos aqu� para recordarles un porvenir que quieren desconocer. Generaciones enteras de ni�os, ni�as y j�venes crecen hoy como un dolor en la ra�z del miedo, construyendo un futuro que ustedes, desde ya, quieren olvidar. Pero nosotros no olvidamos. Y no perdonamos. Por suerte no somos los �nicos.

 

Hoy, quiz� como nunca antes, entendemos la motivaci�n de nuestros padres y madres al elegir el camino que eligieron. Queremos que caiga este Estado en que todos los partidos y niveles son c�mplices; queremos castigo a los responsables y queremos a nuestros compa�eros vivos; queremos verdad y justicia. 

 

De lo hecho o dicho hasta ahora, nada nos calma ni nos hace sentido (salvo la rabia cruda, la gente en las calles). Losopin�logos deber�an hacer m�s y opinar menos; los analistas deber�an moverse antes de descalabrarse por el derrumbe de sus teor�as. �De verdad creen que es suficiente? No esperen que les aplaudamos a sus funcionarios cuando salen a buscar desaparecidos por las calles como si se hubieran perdido en una tormenta; como si no supieran por d�nde y por qui�nes empezar a buscar. No esperen que el verbo �esclarecer� nos deje tranquilos, ni que sus renuncias aparezcan como actos de hero�smo: todo eso no es ni lo m�nimo. No basta. Nuestro pueblo debe tener m�s autoestima. Los queremos vivos, queremos bien a sus familias; queremos tras las rejas a responsables y c�mplices, y queremos que nunca m�s nadie tenga que llorar un desaparecido por motivos pol�ticos, ni por ning�n otro motivo. 

 

La herida en el coraz�n del pa�s no pod�a ser m�s clara. Desaparecer estudiantes; desaparecer futuros profesores. Nuestros padres tambi�n estudiaron en Ayotzinapa, �es que a este pa�s no le bast� con que ellos ya hayan dado su vida? Nosotros pagamos el precio para que esta sociedad transitara hacia un futuro mejor y a�n as� esta sociedad no lucha por merecerlo. �Quieren desaparecer nuestra memoria? No lo permitiremos. 

 

Es por esto que, en los albores de nuestros quince a�os de existencia, H.I.J.O.S. M�xico anuncia que se replantear� su actuar, en honor a la memoria de nuestros padres y nuestras madres, y en honor a quienes a�n hoy, ante todo, siguen luchando por un otro mundo mejor. Esa alegr�a que algunos admiraban se nos borr� de golpe en Ayotzinapa; los colores que solemos usar se est�n quebrando entre nuestras muelas apretadas de dolor y rabia. Y no nos vengan a contar aquella historia de la alegr�a y la esperanza, porque tambi�n nosotros la inventamos, pero hoy sabe a poco y no basta.

 

Y lo hacemos esta vez por ellos, por ellas. Por El�n, por Juan Carlos, por Esther, por el Flaco, por Rafael, por Valent�n, por Tom�s, por Alicia. Por tantos y tantas que nos faltan, desde hace tanto. Lo hacemos esta vez tambi�n por los nuevos hijos, por las hermanas Alvarado, por Nadin, por Dianita, por Heber, por Janahuy, por las nietas de Luli. Lo hacemos tambi�n por nuestros hijos, los hijos de H.I.J.O.S., porque otra vez nos negamos a que crezcan en un pa�s que no se merecen.
 

Si la sociedad mexicana no hace hoy lo extraordinario, cuando llegue el d�a en el que conozcan este dolor como propio, no nos pregunten �por qu� no hacemos nada en la b�squeda de sus familiares?, s�lo recuerden que llevamos d�cadas denunciando al terrorismo de Estado, que no es nuevo. Asuman su responsabilidad en la continuidad de las desapariciones forzadas en este pa�s lleno de impunidad, simulaci�n y corrupci�n. Sabemos que hay muchas personas, maravillosas y valientes, que ponen cada d�a su trabajo y coraz�n para detener el horror. Lo reconocemos y agradecemos, pero es urgente que nos demos cuenta de que no est� siendo suficiente. 

Sentimos no tener hoy palabras m�s hermosas, se nos est�n acabando; nos las quitaron cuando nos quitaron a 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, como nos quitaron a nuestras madres y padres, como ha sucedido en los �ltimos 45 a�os que ustedes, los sin dolor, no quieren ver.

 

Hacemos un llamado a la sociedad civil de todo M�xico, de Am�rica Latina y del mundo entero a solidarizarse urgentemente con el pueblo del cual formamos parte. Esperamos en consecuencia que este llamado que hacemos -que no es como tantos otros que hemos hecho- haga eco. Deseamos y confiamos en que habr� una reacci�n a este grito que no hacemos nosotros, sino todo el pueblo digno de M�xico y que ahora replicamos. Repudien a los gobernantes de este Estado asesino a donde quiera que vayan, exijan a los gobiernos de los dem�s pa�ses romper relaciones con ellos hasta que se presente con vida a los 43 compa�eros normalistas desaparecidos, as� como a las decenas de miles de mexicanos que se encuentran tambi�n desaparecidos. Queremos justicia y si el Estado no la provee, es el responsable directo del terrorismo en que estamos inmersos. Ay�dennos a condenarlos como humanidad, porque los desaparecidos nos faltan a todos, desde siempre y como nunca. 

 

 

Hoy m�s que nunca: no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos. Juicio y castigo a los culpables y sus c�mplices.

�Vivos se los llevaron y vivos los queremos!

 

 

 

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