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Carta de una joven hondureña

 

Hoy, hace dos años,  el presidente de mi país, Manuel Zelaya, fue forzado a punta de pistola a subir a un avión por graduados de la SOA golpistas. Como Zelaya se fue, la integridad de la soberanía y la democracia hondureña desaparecieron con él, pero dejó en mi tierra la voluntad de mi pueblo que lucha por recuperarla. Ésta determinación explotó rápidamente en lo que hoy es El Frente Nacional de Resistencia Popular.

Hasta esa mañana, de hace dos años, nunca tomé parte en una manifestación. Todo eso cambió esa mañana del 28 de Junio que me uní con personas que nunca conocí - miembros de la comunidad LGTB, Garifunas (comunidad afrodescendiente) líderes indígenas y campesinos- para recuperar nuestra democracia robada.

Uno de mis nuevos amigos (nuevos para ese entonces) era Walter Tróchez, un líder de la comunidad LGTB. Yo vi como el mismo coraje que él utilizó para defender la dignidad  de su comunidad era ahora aplicada para defender la dignidad de todos los y las hondureñas. Cuando yo aprendí eso Walter había sido asesinado, algo despertó dentro de mí: Una determinación de dar todo lo que puedo para el movimiento resistencia hasta que la democracia regrese a mi país.

Walter no fue la única victima. Más de 100 líderes de la resistencia han sido asesinados desde el golpe y más de miles de heridos, detenidos y encarcelados y torturados. Sin embargo, la represión nos transformó de movimientos organizados aislados a un solo grupo de resistencia. Nos fortalecimos a partir de una fuente sin precedentes: la creciente unidad  de gobiernos latinoamericanos y sus pueblos, movimientos sociales y grupos de solidaridad. El acuerdo de Cartagena que se firmó con Colombia y Venezuela, representa un paso es esta dirección y permitió el retorno de Zelaya el mes pasado.

En un mundo inhabilitado por gigantes políticos, a veces olvidamos que sus acciones logran cierto cambio. El resto depende de nosotros. Ya, partes claves del Acuerdo de Cartagena han sido violados. Y aunque Lobo y Zelaya se dieron las manos, singuen los abusos de derechos humanos desde lugares como Zacate Grande la parte más austral del país al Valle del Aguan en el interior noreste.

Las fuerzas de seguridad de Honduras siguen practicando las tácticas que aprenden el la Escuela de las Américas, y los líderes y financieros del golpe quedan intocable. Por eso, la resistencia se niega desvanece en el fondo, y actuando en solidaridad, SOA Watch también sigue en la lucha contra la militarización actual y la impunidad endémica.

En medio de todo el caos y violencia, la unidad es lo que da esperanza a la resistencia. Te pido que haga la unidad de este movimiento de solidaridad aún más fuerte. Y la solidaridad es flexible. Puede ser tan simple como mandar una carta a la Embajada de Estados Unidos en tu país, al Presidente Obama, pidiendo que él cierre la Escuela de las Américas por orden ejecutiva, para que ninguno otro país enfrente la situación que se vive en Honduras ahora. Otras ideas también pueden ser validas para apoyar la resistencia en Honduras.

Abrazos de solidaridad y resistencia,
Jimena Paz Oliva

Jimena Paz de Tegucigalpa, Honduras, ha trabajado como ‘activante’ con el Equipo Sur de SOAW desde junio de 2010 y era una de las organizadoras del Encuentro Norte-Sur de 2010. El programa ‘activante’ invita a jóvenes de todas partes de las Américas de trabajar juntos para resistir la militarización y promover una cultura de paz.

 

 

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